En el ya celebérrimo programa de humor el Jappening con Ja, Fernando Alarcón interpretando magistralmente a Pepito TV, acusaba a un “guatón copión” de imitarle las secciones de sus programa, cuando en realidad era él quien plagiaba los concursos del canal del angelito en ese entonces, que a su vez eran copiados de programas varieté gringos. Esto, hasta que en 1978 y tras la puerta B el mismísimo Kreutzberger (el guatón copión) cruzó el umbral dejando totalmente descolocado a Alarcón. ¿Puede existir en la historia de la televisión chilena algo más exquisitamente surrealista que este acontecimiento? (¡Y no está en Youtube!).

¿Alguien podría acusar a “Medio Mundo”, “De Chincol a Jote” o “El Club de la Comedia” de copiar lo que el Jappening hacía hace casi 4 decenios?... No, sin embargo algunos todavía intentan pasar el “¡Pirinpin-pin!” de Pepito como algo nuevo, original y propio. Craso error.

El “plagios” (torcido en griego), ese guatón copión que todos llevamos dentro, reclama a borbotones rendición innegociable a la imitación solapada, simple y económica. Con mejores o peores armas; un cambio de nombre aquí, una aliteración de lugar allá o un intercambio de detalles, bastaría para no ser descarado en ese ejercicio de mercadear lo ajeno como propio.

¡Qué podríamos esperar! Si en la universidad más prestigiosa del país se descubrió a un grupo de futuros ingenieros traficando resultados de un examen por WhatsApp (y después se construyen puentes al revés), si nuestros políticos extraen del Rincón del Vago párrafos completos de leyes que se suponen archiestudiadas antes de su redacción final (y después se autosuben el sueldo), si un buen número de escritores nos han hablado de fenómenos de transliteralidad o intertextualidad, cuando lo cierto es que sus copias han sido flagrantes (y después se quieren ganar el Nobel).

En publicidad la lista es larga y penosa. Cada año terminado Cannes Lions se elevan acusaciones por campañas premiadas que resultaron ser copias furibundas, que ni el propio Longueira habría podido matizar con un discurso apologético de la honestidad.

En Chile, hace algunos meses, Porta fue la carnaza perfecta. Agencia independiente, grande, emblemática, premiada y que por la necedad inexplicable de un equipo puntual vio hipotecado su capital creativo, por lo menos durante 15 minutos. Para más remate su “Gargarín”: Falabella, no lo hizo mejor, fue tal su alharaca que muchos dudamos de si se habían enterado por la prensa. ¡Ups! otra copia.

Lo cierto es que las presiones experimentadas al interior de los crisoles que producen ideas es de tal envergadura, que a todas luces resulta más fácil tomar procesos creativos ya resueltos que dedicar sudor, lágrimas y otro montón de fluidos para la elaboración de un producto nuevo.

Solo la profundidad del corazón humano podría desentrañar el escaso margen entre el alcance creativo probabilístico, de la copia obscena que languidece en un montón de guatones copiones mañosos, indescifrables, pero siempre activos en el mundo.

Postulo que estamos inmersos dentro de un conjunto de síntomas que hacen evidente el quiebre ético de la originalidad. Todos los días crece el imperio. Las herramientas de la informática han permitido el despliegue de la vergüenza descarada sin límite, soslayando toda propiedad intelectual; en las letras, la música, el cine, las comunicaciones. Después se habla de tributos, de remakes, de covers. No señores: Falta de trabajo, de ideas, cansancio, abulia, desidia, comodidad exacerbada.

Frente a esto, es tiempo de estar atentos, levantar a lo menos una ceja con firmeza y no aceptar ninguna supuesta novedad que huela a un “¡Pirinpin-pin!” reciclado, porque frase como estas tienen autor y su propia historia. En este punto se hace necesario exhortar a todos los plagiadores de ideas e increparles firme, claro y de verdad: ¡Aprende a hacer concursos guatón copión, no imites los míos!

ESCALA MACIMÉTRICA

¡HURRAS Y VÍTORES!:
Para Platón, Jesucristo, da Vinci, Shakespeare, Tesla, Einstein, Cortázar, Neruda, Jobs… y quizás otro puñado de almas originales. No más.

CHAPÓ:
Para Griegos y Cristianos. Les debemos todo.

OKEY… APROBADO:
Para The Mentholatum Co. Básicamente porque cuando trabajé en publicidad fue el cliente que celebraba la originalidad como ningún otro.

MAOMETANO, NO MORE:
Para New Coke, intento desesperado de The Coca-Cola Company por parecerse a Pepsi y no perder en 1985 la guerra de las colas.

SOPA DE NATRE:
Para Pepsi que le copió a Coca-Cola en su origen.

TUMOR YODA:
Para Kenjiro Sano que todavía tuvo cara (aunque con ojos pequeñitos) de defender su logotipo para los JJ.OO., aunque su ilustración ya la exhibía un Teatro en Bélgica y su autor era otro diseñador.

Para Mega quien no tuvo empacho en tomar el isotipo de “Mos Burger”, la segunda cadena de comida rápida más importante en Japón (después de McDonald´s), ponerle un calco y estrenar logo nuevo con Lucho Jara incluido.

YOGURT DE AJO:
Para Durabell, Naik, Polystation, Sonic, Pumma y Raxona (éste si que te abandona).

Autor: Maciel Campos.

De ZT GLOBAL