Siempre hará parte de los recuerdos de un arquitecto aquellas innumerables noches en vela y la intensidad del trabajo a lo largo de su aprendizaje inicial en épocas universitarias, además de la constante presión a lo largo de todo el semestre y los grandes esfuerzos por cumplir con las fechas de entregas que no pocas veces se cruzaban unas con otras, acompañadas de las peculiares maneras de corregir por parte de los profesores.

De estas peculiaridades en la libertad de cátedra recuerdo, iniciando sexto o séptimo semestre, un profesor que nos tomó por sorpresa con la aproximación al proceso para el desarrollo de los proyectos en su clase. En vez de entregarnos un largo listado de espacios a distribuir o un terreno en el cual deberíamos plantear nuestras propuestas, nos entregó aleatoriamente un pequeño sobre sellado. Dentro del sobre había una foto en blanco y negro de una persona. Ante la mirada atónita de su alumnado el profesor, con cierta malicia nos dijo: Grávense esa cara para el resto del curso, este es su programa de necesidades para este semestre, este es su cliente, su usuario". Nuestra primera tarea fue crear una historia para este “cliente”, luego tuvimos que ponerle un nombre y le inventamos un estilo de vida. A lo largo del semestre diseñaríamos primero su casa, luego su oficina o lugar de trabajo y finalmente su lugar de ocio y esparcimiento. No podíamos arrepentirnos a mitad del camino y cambiar su historia, debíamos comprometernos con él y diseñar absolutamente todo a detalle en relación con ese nuevo “ser” que habíamos creado.

Desde hace ya un tiempo, en mi actual ámbito profesional, donde trabajo con diseñadores de diferentes campos (gráficos, industriales, de interiores, publicistas), lo más cercano a esta práctica de partir desde el usuario la he encontrado en la concepción de proyectos relacionados con ambientes digitales, como páginas web o “apps”, lo que después de una corta investigación me llevó a descubrir lo que se conoce como UX o User eXpreience Design (Diseño de Experiencia de Usuario) y UI o User Interface Design (Diseño de Interface de Usuario).

"El UX y UI, muy relacionados entre sí, como lo dicen sus nombres, son el diseño de la interface y la experiencia de un usuario con un producto determinado".

El UX y UI, muy relacionados entre sí, como lo dicen sus nombres, son el diseño de la interface y la experiencia de un usuario con un producto determinado. Si bien su aplicación es prioritariamente digital, sus principios son aplicables también al diseño de las diferentes puntos de interacción del usuario con el producto como sus etiquetas, empaques y hasta elementos de exhibición llegando al espacio que los contiene. Dicho de otra manera sus principios podrían ser aplicables a la arquitectura misma.

Si bien hay un extenso número de principios propuestos para el diseño UX podemos con seguridad resumirlos en: usabilidad, claridad, sencillez, confiabilidad, amabilidad y atracción, entre otros. No muy lejanas de los clásicos principios que Vitruvio atribuyó a las estructuras arquitectónicas a saber: Firmitas (solidez), Utilitas (funcionalidad), Venustas (estética). Las similitudes en los dos grupos de principios son evidentes y con ello podríamos, sin muchas peripecias, proponer estudiar la arquitectura bajo los fundamentos del UXD.

El resultado de esta propuesta nos llevaría a considerar la arquitectura, de alguna manera, como un “producto"; consideración a la que gran parte del medio de la arquitectura y sus agremiados tiene una fuerte reticencia, si bien no totalmente generalizada. ¿Por qué? Por que la arquitectura se considera, desde el interior del propio medio, como un ambiente aparte de otras disciplinas de diseño que no es en si misma ni produce productos de mercado “comunes”.

Pero, ¿qué hay de malo en considerar al proyecto final como un producto arquitectónico? ¿Por qué entonces no considerar la arquitectura como el producto experiencial mas complejo que podemos concebir ya que simultáneamente estimula nuestros cinco sentidos y con el cual interactuamos desde su interior?

Si bien es cierto que la arquitectura debe tratar adicionalmente temas urbanos y gubernamentales así como también leyes y complejos presupuestos, su fin es el mismo de cualquier producto: el usuario, el ser humano.

Todo lo anterior nos obliga a generar dos posibles definiciones:

La primera, que probablemente genera esa reticencia en el medio, es el que propone un molde arquitectónico repetitivo donde la fórmula base x altura x $$$ es la ganadora; donde las grandes diferencias en la peculiar manera de vivir de los diferentes usuarios es desechada y donde unidades de vivienda (entre otros usos) se multiplican sin diferenciarse y adaptarse al entorno donde serán insertados.

¿Podría decirse entonces que es el mismo ámbito de la construcción en serie, y no la arquitectura misma como profesión, la que se ha encargado de darle esa negativa connotación al producto arquitectónico? Dejo la respuesta a consideración del lector.

El buen diseño rebasa la funcionalidad práctica y una buena apariencia. Debe tomar en cuenta el sentir del usuario, sus reales necesidades y hábitos de consumo y comportamiento, debe tomar en cuenta la experiencia y su goce al interactuar con él, debe hacerle sentir que como experiencia el producto es una extensión de si mismo. Premisas mas cercanas a la segunda definición, y personalmente con al que más cómodo me sentiría, que considera la arquitectura como un producto que responde al análisis de un usuario real, que nos obliga a responder a las necesidades que su modelo de vida presenta; donde ese usuario, sea este un individuo o un grupo de personas, es considerado en su complejidad como una “persona” viviente a quien debemos aplicar todo nuestro talento para darle la mejor solución posible.

Esta segunda definición, si la tomamos como verdadera, no escapa a la ironía ya que procesos dirigidos inicialmente al diseño de espacios digitales, definidos como fríos y poco humanos, son los que, al aplicarlos al espacio real nos permitirían rescatar la esencia de la arquitectura que tanto se nos enseña en la universidad: diseñar con el ser humano, con el usuario y su contexto, como centro y objetivo de cada una de nuestras intenciones de diseño.

El diseño UX llegó para quedarse y cada vez suma mas adeptos que poco a poco cobran importancia y que incluso están generando una nueva “profesión”, si se quiere, en el ámbito del diseño que todo aquel que sienta dentro de si la responsabilidad como diseñador de entregarle lo mejor a su usuario, debe tomar en cuenta sin importar el campo en el cual aplica su capacidad creativa. Sirva este artículo como una humilde invitación a hacerlo.

"El diseño UX llegó para quedarse y cada vez suma mas adeptos que poco a poco cobran importancia y que incluso están generando una nueva “profesión”.

Ruben Combariza

Director Space Design 

Actif Studio